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El cole es para todos

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Fecha publicación: 30-03-2012

En el aula de sexto de Primaria del colegio Victoria Kent, todos los alumnos abren sus portátiles para seguir la clase de Conocimiento del Medio. La informática no tiene secretos para estos niños, nacidos en la era digital. Tampoco para Flores Pérez, de doce años, que maneja el ratón con destreza.
Flores tiene síndrome de Down, pero eso no le impide aprender, jugar o irse de excursión con el resto de la clase. Según la delegación de Educación, en la provincia hay 960 niños en Educación Especial que reciben clase en los centros educativos públicos o concertados. Unos menores que precisan atenciones muy distintas en función de sus necesidades. En este grupo se encuentran realidades muy dispares: niños con síndrome de Down, autismo, hiperactividads o superdotados. En los colegios malagueños caben todas las discapacidades. Pese a las diferencias, todos tienen algo en común: precisan un mayor apoyo.
La integración de los niños con alguna discapacidad en las aulas andaluzas comenzó hace tres décadas. No parece demasiado tiempo, pero en estos años se han dado pasos de gigante para su escolarización, normalización en la comunidad educativa y su aprendizaje.
Actualmente, existen cuatro opciones para escolarizar a estos menores, según explica Concha Navarta, responsable de Educación Especial en la delegación de Educación: su integración en el aula ordinaria durante toda la jornada lectiva; combinar las horas en el aula ordinaria con horas de apoyo educativo; su integración en un centro ordinario, pero en un aula específica de Educación Especial; y en el último caso, la asistencia a centros especializados en alumnos con discapacidad . «En la capital existen tres específicos, y otro más en Marbella», señala Navarta. La ley marca que el aula ordinaria puede contar con hasta tres niños con necesidades educativas para un grupo de 25, aunque Navarta indica que Educación intenta siempre que no se llegue a esa cifra.
La apuesta de los centros educativos es siempre la integración total en el aula ordinaria. Aunque no siempre es posible. Los orientadores son los responsables de valorar cada caso para trazar el mejor itinerario para el niño. En muchas ocasiones, los menores ya están diagnosticados cuando entran en Educación Infantil. Pero en otras, son estos profesionales los que detectan posibles dificultades de aprendizaje. «Nuestra labor es ayudar a estos niños, moldear el currículum académico a sus capacidades, adaptar las herramientas para acceder a los temarios y velar por su socialización, y para ello es necesaria la colaboración de toda la comunidad educativa», dice Ana Cobos, presidenta de Aosma, la Asociación de Orientadores de Málaga.
 
Materiales adaptados
 
En el IES Pedro Espinosa de Antequera, Saray del Rocío Ruiz, de doce años, entra en clase ayudada por un bastón. Tiene ceguera total, pero se sirve de la tecnología para poder 'ver' lo que sus compañeros leen en la pizarra. Saray explica que tiene en clase una máquina de escribir y un aparato llamado braille hablado para hacer cálculos matemáticos. Ambos tienen sólo seis teclas y con ellas escribe en braille el alfabeto, los números y los símbolos matemáticos. Además, cuenta con una profesora de Apoyo a la Integración de Deficientes Visuales y Ciegos que, gracias a un convenio existente entre la Junta de Andalucía y la ONCE, le ayuda a continuar con sus estudios.
En otros casos, la adaptación es de los accesos y las instalaciones de los centros educativos. Rafi Vázquez, responsable de Educación de la Federación de Asociaciones de Discapacitados Físicos y Orgánicos de Málaga, señala que hoy por hoy, las rampas, ascensores o escaleras con mecanismos elevadores para las sillas de ruedas han llegado a todos los colegios e institutos. «Ahora lo que queda es adaptar los baños de muchos viejos centros que no son accesibles», dice.
Para Flores Pérez, lo importante es que los libros de texto sean atractivos. La Federación Andaluza de Síndrome de Down colabora desde hace años con la Consejería de Educación para trabajar directamente con los profesionales de los centros escolares dentro del programa 'Enséñame' y les facilitan libros adaptados. Son manuales con un lenguaje más claro, muchos dibujos y color para llamar la atención de los niños.
Natalia Rodríguez es una de las psicólogas de la asociación Down en Málaga. «Nuestra labor es orientar a los profesores, seguir los avances del niño en las clases de apoyo e intervenir con programas de sensibilización», indica. Un ejemplo de actuación tuvo a Flores como protagonista hace un año. La menor cambió de compañeros de clase y los nuevos alumnos le daban de lado. Rodríguez decidió ofrecer una charla sobre las características de las personas con síndrome de Down y resolvieron muchas dudas y prejuicios de los estudiantes. «El resultado, es que Flores ha hecho nuevos amigos, es feliz en clase y los demás alumnos saben cómo interactuar con ella», dice.
Para Francisco Muñoz, presidente de Down Málaga, el reto para los niños con necesidades educativas va ahora más allá de la integración ya conquistada. «Lo que hay que buscar es la inclusión; no basta con que los niños estén en clase, queremos que participen como los demás niños», dice.
 
¿Integración o inclusión?
 
Para Sandra Montealegre, psicóloga de Autismo Málaga, la inclusión depende en muchas ocasiones de la implicación del profesorado. Muchos niños con autismo están en el aula ordinaria a pesar de sus problemas de atención, conducta, lenguajes, socialización y actividad. «En el caso de estos niños, el docente debe ayudar a que se socialice porque si le dejas que intente unirse a los demás por sí solo, se aísla», dice.
Un objetivo que también comparten otros colectivos como la Asociación Malagueña de Niños y Adultos con Déficit de Atención (AMANDA). Son lo que se conoce como niños hiperactivos. «Se trata de estudiantes que se distraen en el aula, tienen baja motivación y molestan porque se aburren cuando explica el profesor», dice Marina Mestanza, presidenta de la asociación. Mestanza cree que los niños hiperactivos son la asignatura pendiente de la Educación Especial. «Hasta ahora, no sabían detectarlo y el niño pasaba por toda la enseñanza obligatoria como un mal estudiante y un alumno gamberro», dice. Concha Navarta reconoce que la delegación se vuelca ahora en dar salida a estos menores que, en la mayoría de los casos, precisan medicación.
Los orientadores no son los únicos aliados con los que cuentan estos estudiantes y sus familias. Sole Díaz es una de las técnicas pedagógicas (TP) que atiende a los menores con necesidades educativas especiales. «La meta de la integración es la misma cada año, porque los niños crecen, pasan al instituto, surgen nuevos conflictos y dudas o también llegan nuevos alumnos y tenemos que comenzar el proceso de nuevo», señala esta docente, que trabaja en el colegio Victoria Kent.
 
Salto al instituto
 
Para Díaz, el problema actual de la Educación Especial es que, aunque existen muchos medios, no siempre son suficientes. «Dependiendo del número de estudiantes por colegio y de la cifra de TP, podemos darles unas sesiones determinadas», dice. Además, señala que hay algunos casos como los niños superdotados en los que los TP desconocen cómo actuar porque hasta ahora no se estudiaban en las facultades.
Ahora, además, estos niños tienen que experimentar el salto a los institutos. Hasta que se implantó la ESO, no pasaban del colegio, pero ahora la Educación Especial llega a Secundaria. «En los institutos, los docentes tienen aún menos preparación para enfrentarse a estos casos», dice Ana Cobos. Por eso, la labor de orientadores y especialistas es vital. Actualmente la mayoría de estos niños termina la educación obligatoria con el título bajo del brazo. Y la lección no es solo para estos menores. También sirve a sus compañeros sin discapacidades. «Es muy importante que todos aprendan a vivir con la diferencia y a conocer el mundo real», defiende Cobos. El primer paso es que el cole sea para todos.

 

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